Conditional Clause
and even if my house
falls down now
I wouldn't have a clue
because you're near me
(Dido)
(Dido)
En breve se cumplirán 12 años de la noche en la que conocí a mi marido, y creo
que como todo secreto de sumario se ha de levantar alguna vez, hemos llegado el momento de echar luz sobre algunos aspectos alrededor de aquel momento que fueron mantenidos en secreto hasta el día de hoy para -como está ocurriendo ahora con el TTIP- preservar el éxito de las negociaciones finales que incluyeron un par de anillos y un pastel del que no pude comer segunda porción porque ya se lo habían acabado los asistentes en menos de 30 minutos de haber cortado el mismo. Como no encontré todavía vademécum alguno que diga que eso es señal de mala suerte y desgracia pa'l futuro de la pareja, pues no me quejo y llevo con dignidad esa mancha de mi pasado.

Nunca se nos ocurrió imaginarnos qué tipo de dentadura tendría porque eso precisamente nos lo ocultaban en la clase de inglés, el estado dental del promedio de la población que vive en la isla esa. Vaya panda de ingenuos que éramos que

Es que con tanto libro que nos hablaba de que el Mike Sutton vivía en Camden Town y que al Terri Carter lo secuestraron en Liverpool, así nos endoctrinaban estos piratas y nos impregnaban de ganas de mudarnos al imperio para ser tremendamente infelices allí con un marido soso como deben de ser todos esos Johns, Hughs, Williams, Charles que están borrachos el 70% de su tiempo útil, y encima con un clima de mierda que seguramente hará que en menos de lo que canta un gallo tu también te hagas adict@ al
pub del barrio a partir de las 5 de la tarde de lunes a lunes. Si según la Poncia aquí en la península el hombre a los 15 días de la boda deja la cama por la mesa, y luego la mesa por la taberna, sabed que en las islas el hombre nunca abandona la taberna y has de luchar para tenerlo en la cama tantas veces como descendencia desees tener.
Pues fue que no, por suerte las películas de Hollywood consiguieron llevarme por el buen camino, y yo fui a rebuscarme la vida y un marido por esa zona donde parece que hay más sol y la gente sonríe un poco más con mejor dentadura porque allí el dentífrico viene con mucho blanqueador. Y lo logré (standing
ovation). La historia de cómo nos conocimos no la voy a contar aquí porque no hemos llegado con mi marido todavía a una versión de consenso. Ya habíamos conseguido limar un argumento que mas o menos satisface a ambas partes interesadas, pero justo la semana pasada vino Nethan Yahoo con un nuevo cuento que involucra a unos palestinos en la noche en que nos conocimos que hizo que tengamos que volver a foja cero con las negociaciones sobre el relato oficial. Así que tendréis que
conformaros con que os cuente los hechos que condujeron a nuestra primer cita que fue nuestro segundo encuentro ya que cita a ciegas no fue, y que como mi marido no estaba allí, no hay que consensuar nada para contarla. Que después de haber intercambiado nuestros números de teléfono en esa primer noche/madrugada
/mañana mágica que nos tocó vivir y de la cual no me está permitido develar ná de ná de momento, y haber comprobado inmediatamente que lo que él dejó escrito en ese papel era genuino (lo cual es muy fácil: pones en google su numero + su nombre + su apellido y si te sale "nothing found" quiere decir que te engañaron como en el culebrón más barato de los que pasan por el canal internacional) y esperar las 24 horas de gracia que dice Miss Manners que hay que dejar pasar para filtrar frikis, acosadores, obsesos y demás, puse un cronómetro para ver cuánto iba a tardar en llamar el susodicho.
Habíamos quedado en que íbamos a ver una película, que él llamaría luego de ver qué había en cartelera para discutir posibilidades. Así que por las dudas me puse a mirar yo también la cartelera del cine por internet no sea que me pillara desprevenido el asunto y acabáramos viendo o bien una que ya había visto, o alguna de Mickey Mouse que no tengo nada yo en contra del ratón ese, pero una película de Mickey Mouse no es lo que uno va a ver en su primera cita, quizás alguna de Pixar, pero Micky Mouse no.

En fin, promediando la película me suena el teléfono y yo a la velocidad de la luz
ya estoy del otro lado del tubo sabiendo quien me va a llamar porque -para qué nos vamos a engañar si nadie me llama a mi por teléfono ni a esas horas ni a ninguna, que la gente en estas coordenadas del espacio-tiempo se comunica o por internet o por skype, pero no por teléfono- y que hello how are you, y el típico intercambio de how was your day yesterday y esas cosas que se dicen por decir, o porque te enseñaron en la academia que hay que decir, y que bien que viene aplicar los conocimientos adquiridos, tú.


Anyways, lo cierto es que en volviendo a la realidad de la conversación telefónica y al ya visto "in the cut", mi chip zoocial comenzó a decirme "no puedes decirle a este pobre chico que todas las películas que él quiere ver ya las has visto porque queda mal. Se va a pensar que no quieres salir con él" (If I WERE you, I WOULD not do that). Así que acabé aceptando ver esa peli, y

Acabada la conversación, detuve el cronómetro porque ya no hacía falta, y me puse a pensar qué iba a hacer en las siete horas que restaban hasta el momento de la cita. Si un@ hubiera crecido en un country como el de las viudas de los jueves quizás habría ido a la peluquería, a comprar ropa, a hacerse las uñas y
esas cosas con las que la gente de ese rango social ocupa su tiempo antes de una cita (If I HAD GROWN UP there, I WOULD HAVE BEEN more silly). Pero
l@s que somos criad@s en el barrio no mamamos esa cultura, así que acabé
de ver mi tonta película de thanksgiving que me hizo llorar porque a mi
esas películas de finales donde aparece tu madre a poner las cosas en
su lugar me hacen llorar. Luego me fui a hacer la compra, limpiar la
casa y esas cosas que hacen las marujas los fines de semana esperando que se haga la hora.


Desde la ventana del apartamento que tenía entonces se tenía una buena vista
de la calle y de los 20 metros que ha de recorrer cualquier mortal que hubiera querido golpear a mi puerta. Así que decidí anticiparme al ruido de sus puños contra la madera, y ponerme a esperar al lado de la ventana. Con las cortinas semi-cerradas, que tampoco es plan que llegues a tu primer cita y ya esté tu dulcinea mirando con cara de impaciente desde una ventana unos 20 metros más allá. Eso sería más friki que haber llamado antes de las 24 horas que el protocolo obliga. Un horror...

En volviendo a la cita-to-be, comenzó a rodar Dido por los parlantes del hogar, y


De repente apareció una silueta en la calle, que comenzó a acercarse hacia mi domicilio. Al mismo tiempo, mi corazón comenzó a latir al compás de lo que gritaba Dido, y cuando más o menos lo tuve a unos 10 metros y pude confirmar que era él, los latidos aumentaron pero porque comencé a notar la manera extraña en que venía vestido el que hasta ese entonces era solamente un muchacho del barrio que había conocido un par de noches atrás.

En esos 10 metros que le llevó llegar hasta la puerta de mi casa circularon
varias teorías por mi cabeza:

a) este chico trabaja de mecánico en un garage y yo no entendí muy bien esa parte cuando hablamos por primera vez (claro, por cómo te enseñan inglés en ese instituto...)
b) lo asaltaron viniendo para casa, y uno de los vecinos se compadeció de él y le dio esa ropa por caridad
c) se le hizo tarde para arreglarse y viene a preguntar si podemos salir dentro de una hora
d) mismo que en c) pero viene a cancelar la cita
e) decidió venir a contar la verdad, que está casado y tiene 3 hijos a los que se había olvidado que hoy tiene que llevar al parque
g) todas las anteriores son correctas
h) ninguna de las anteriores es correcta, sino algo todavía peor
i) ...
Irónicamente, mientras escribo esto, esas mismas zapatillas espantosas de la
primer cita hace ya casi 12 años siguen estando en el repertorio de las que utiliza hoy en día mi marido para andar por la calle ("es que tengo el pie complicado y no hay mucho calzado que me venga bien" fue lo que me dijo hace poco cuando le hice notar que quizás ya era hora de ir haciendo un cambio). Los tejanos agujereados al menos los utiliza solo cuando le toca hacer bricolage en su casa esa de la pradera. Es que tardé poco pero mucho más que ese primer encuentro en aprender que a mi marido le cuesta desprenderse de lo usado. Si sigue funcionando bien, para él no hay motivo de buscarse un reemplazo. "Entonces contigo se quedará por mucho tiempo" razonó un@ de mis amig@s de es@s que duermen enroscad@s en una cesta de mimbre cuidándose de no morderse la lengua para no morirse envenenados cuando le conté ésto de mi chico. Quizás sea verdad, pero toda esa información no podía tenerla en la cabeza a 8 metros de distancia de nuestra primer cita, y la bestia continuaba acercándose en dirección a mi casa y yo teniendo todo un sistema planetario de ideas en órbita alrededor de mi cabeza.
Lo primero que había que descartar rápidamente era la opción f), que lo último que le hubiera venido bien a mi vida en esos momentos es pasar a ser una escena más de una de esas películas con
Jason o con Freddy. Por un rato pensé que si bien mi vivienda estaba en el núcleo urbano de la ciudad rodeada de otras casas, no había nadie en ese momento circulando por las calles o asomado a sus ventanas. Es que en ese pueblo de geeks la gente cuando tiene tiempo libre va a la biblioteca, así que seguro que estaban todos allí. Hacha tampoco parecía portar sobre la espalda a menos que la tuviera adosada con cinta, porque se le veían las dos manos sueltas. Por otro lado, este chico ya había estado en mi casa en condiciones más tenebrosas así
que pudo haber hecho todo lo que quiso allí (y supongo que hizo lo que quiso pero de esto no puedo hablar) con menos complicaciones que a plena luz del día. Pero quizás la primer noche fue solo para estudiar el terreno y ahora se viene con el hacha... ¿Me puede estar pasando esto ahora mismo a mí?
Ya íbamos por los 5 metros de distancia y sus pasos podían intercalarse con

del desconocido ese que la invitó a un trago en un local bailable, y ella con un miedo tremendo de que no le pusiera nada a la bebida, se encomendó a la santísima virgen y no le salió mal la plegaria que le acabó resultando un buen marido y 3 hijos. Pero algo en mi cabeza me decía rápidamente que en ese lugar alternativo del planeta donde yo me encontraba no tenía cobertura la santísima virgen. Uno podría quizás invocar a "la energía", al "cosmos" , a
"todo lo positivo que nos rodea", quizás a alguna deidad oriental de esas a las que se le enciende un sahumerio cada 6 horas, pero que ya no tenía tiempo en esos 2.5 metros que me quedaban para investigarlo por internet (If I PRAY, nothing WILL go wrong).

Puedo dejar a este muchacho golpeando la puerta por un rato (pero
se va a dar
cuenta que alguien hay adentro porque la Dido sigue aullando
y ya ni siquiera me da el tiempo para hacerla callar), o hacer mía la
opción c) de decirle que venga dentro de una hora así me desarreglo un
poco. Pero me verá sobreproducido -comparado con él- a menos que salga cubierto con una bata de baño por
arriba de la ropa.
Obviamente que así como yo podía oir sus pasos, él seguramente ya estaba
deleitándose con la música que venía de adentro, pero igual uno siempre puede excusarse más tarde con que se había quedado profundamente dormido después de haberse tomado un diazepam, aunque obviamente estaba claro que si no abría esa puerta no iba a tener que dar explicaciones a nadie nunca más en el futuro (quizás a este blog, pero poca cosa más) ya que no iba a haber otro llamado telefónico con un "fui a la hora que habíamos quedado y no estabas". En este tipo de eventos -como se dice por aquí en el barrio- "uno va a lo que va". Y que te dejen plantado es parte del juego que esconde un mensaje cruel pero muy concreto.
Al menos como en Monty Hall no tenía que elegir entre 3 puertas para decidir,
aquí había una sola que estaba delante mío y que tenía del otro lado o un premio mayor o un hacha (If I DO open that
door, where WILL I be in 12 years from now?).
"Hello, good to see you again".
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